Durante mi trayectoria profesional he tenido la oportunidad de
participar en el negocio de las aplicaciones de gestión empresarial
desde diferentes perspectivas y en mercados muy diversos, y creo poder
afirmar con rotundidad que, el debate ERP sí o ERP no, se cerró hace ya
años con una clara apuesta por el ERP por parte de las empresas, sea
cual sea su actividad y tamaño. La alternativa "perdedora" han sido las
aplicaciones especializadas para cada ámbito concreto, combinando, por
ejemplo, una contabilidad con una facturación y una nómina, todo ello
suministrado por diferentes fabricantes y en muchos casos con la
concurrencia de aplicaciones a medida para áreas con requerimientos muy
particulares. El motivo fundamental de la "victoria" de los ERPs
(aplicaciones de planificación de recursos empresariales) ha sido la
integración, que hace posible que los datos se entren una sola vez y fluyan dentro del sistema de una forma automatizada. El intercambio de
datos entre aplicaciones distintas tiene su coste y su problemática, y
lo que aún es más grave, debe mantenerse así como las aplicaciones
evolucionan por separado, por lo que si una aplicación ofrece
integración "de serie" resuelve la cuestión a presente y a futuro, lo
que es un diferencial muy importante. Las ventajas inherentes a la
integración son múltiples: información consistente y fiable, eficiencia
en los flujos de trabajo, facilidad de colaboración entre usuarios,
acceso a la información en tiempo real…, en definitiva, se consigue un
aumento radical de la productividad y hace posible la toma de decisiones
con agilidad. Además, un buen nivel de integración habitualmente sólo se
consigue mediante el uso de tecnologías modernas (bases de datos
relacionales…), lo cual implica una mayor fiabilidad y capacidad de
análisis de la información.
En mi opinión, el razonamiento anterior es
especialmente relevante para los Despachos, por
tratarse de organizaciones en las que todos los
puestos de trabajo dependen en gran medida de las
aplicaciones, sean técnicas o de gestión. Volviendo
al sencillo ejemplo expuesto anteriormente, un
colaborador del departamento de laboral va
realizando su trabajo con los clientes, mientras el
sistema computa todas las variables de precio del
servicio (nóminas por tramos, altas, bajas,
regularizaciones de IRPF, etc.) que revierten a facturación para luego ser contabilizadas, y por
otro lado, el cliente recibe un mensaje
advirtiéndole de que tiene nuevos contenidos en el
portal web, al que accede de forma segura para
descargarse los recibos, contratos, etc. así como la
factura. En definitiva, estamos hablando de ahorro
en tiempos, directamente en los procesos indicados e
indirectamente en la reparación de los posibles
errores relacionados con intervenciones manuales,
tiempos que significan menores costes y mayor
capacidad para diferenciarse en los servicios. Otro
aspecto a considerar, más sutil pero que he podido
apreciar significativamente, es el relativo a la
calidad del puesto de trabajo. La realización de
tareas de bajo nivel y proclives a error (entradas
masivas de datos, punteos sistemáticos de
información, cálculos manuales, etc.), inherentes a
aplicaciones no integradas y con difícil acceso a
los datos, generan mayor insatisfacción en los
usuarios que prefieren un trabajo más cualitativo, que conlleva un mayor
desarrollo profesional y una menor rotación del
personal.